No soy la más alta ni la más lista de todas. La que tiene los ojos más bonitos, el culo más perfecto del planeta o las tetas más estupendas del mundo mundial. Tengo más peros que otra cosa. La suerte no duerme en mi cama, prefiero que lo haga un buen maromo con arte, no tengo prisa por llegar, pero siempre tengo que ir delante. Pienso lo que digo y me callo más de lo que sé. Fumo lo verde y lo blanco, pido que en el mundo no haya guerras y que el amor solo se practique en mi cuarto.
En fin...
Después de mucho tiempo, descubres que las sonrisas se compran caras, que las lágrimas pierden su valor por ser de cocodrilo y que el amor se esconde porque no quiere ser encontrado para no ser destrozado por las palabras. El corazón es vengativo y envía fríos recuerdos a la razón, las bocas se traban con falsedad, las miradas ya no dicen nada y la amistad se disuelve en puñaladas a la espalda. Las canciones ya no transmiten calor, las mantas no te protegerán de las mentiras y debajo de tu cama sigue escondido el dolor, esperando a que te duermas para salir. El alcohol ya no ahoga tus penas, el fumar no calma el sufrimiento y las drogas no llevan a ese mundo de felicidad. El espejo nos agrieta y maneja nuestros pensamientos moldeandolos a su manera, las modas son el fin de todos los actos y la personalidad escasea. El pensamiento de superioridad está en todas las tiendas baratas, el dinero compra hasta el orgullo y la mona se convierte en reina vistiendo de seda. La imaginación no imagina un mundo mejor, las buenas ideas se basan en un nuevo televisor y la muerte se lleva a los que todavía no son personas. Todos quieren destacar pisando al que esta debajo, trepando por la red de engaño y descubriendo el triste final de la fama. Después de mucho tiempo, descubres la vida.
Qué me quedo con esta semana?
Lo realmente bueno de esta vida, despeina… reírte a carcajadas, viajar, volar, correr, quitarte la ropa, jugar, hacer el amor, cantar hasta que te quedas sin voz, bailar hasta que dudes si ha sido buena idea ponerte tacones altos esa noche. Y, después de todo, lo peor que puede llegar a pasarte es que, sonriendo frente al espejo, tengas que volver a peinarte.
Quizás la clave para ser realmente libre sea
reir cuando puedas y llorar cuando lo necesites
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